Los otros políticos (Eduardo Lopez)

“Entró en la política” se suele decir cuando alguien se suma al engranaje de algún partido político, ya sea como colaborador de algún dirigente, ya como puntero barrial o empleado de alguna repartición pública o como (lo máximo) integrante de alguna de las listas que compiten en las elecciones. Y “entrar en la política” es para el imaginario popular casi sinónimo de salvación económica personal.

Sin embargo, es hoy una verdad admitida por muchos que el sistema de partidos políticos, así como funciona hoy en Argentina, sufre una profunda crisis y necesita una renovación que debe ser pensada, analizada y puesta en marcha por los estudiosos de la política y con los pies sobre la tierra.

Esta crisis se volvió a poner de manifiesto días atrás con el cierre de las alianzas para los próximos comicios. Los dos partidos mayoritarios, el justicialismo y la Unión Cívica Radical, anunciaron sus acuerdos. El primero de ellos con trece fuerzas (partidos) aliadas; y el segundo, con tres. Además de ellos, otras agrupaciones decidieron ir solas, con lo que se supera la veintena de las que competirán por los cargos. 

Lo que llama la atención, al ver los nombres de esos partidos, es que casi no existen en la vida ciudadana, muy pocos los conocen, algunos —desde hace años— se reducen a poco más que un sello y a dirigentes que se separaron de un tronco inicial y se camuflan detrás de grandes alianzas, sin conocerse nunca su peso específico en cuanto al número de votantes reales. Presionan a las fuerzas mayoritarias para obtener cargos, con la amenaza de irse, pero al fin terminan arreglando y, en algunos casos, cambiándose de camiseta sin ningún rubor. Saben que si concretan su amenaza terminarán por desaparecer, porque no tendrán el número de afiliados que exige la ley.

Mención aparte merece el ARI Chaco, que está hace más de dos años intervenido y manejado por control remoto y que no sólo no crece, sino que cada vez tiene menos adeptos por el simple hecho de que no tiene actividad y sus dirigentes locales están a nivel nacional.

Haciendo números

Un simple cálculo pone en evidencia la mentira de estos partiditos. Según los padrones están habilitados para votar 761.000 chaqueños. De éstos, alrededor del 60 por ciento no está afiliado a ningún partido político, es decir unos 450.000  ciudadanos. El 40 por ciento restante sí lo está, es decir cerca de 300.000. De éstos, entre peronistas y radicales suman más de 220.000, con lo que quedan 80.000 para repartir entre esos veinte o más partidos que integran la grilla. Una demostración de que algunos apenas deben superar el centenar de afiliados.

Una cosa es respetar las minorías, como algunos aducen para defender la existencia de estas agrupaciones, y muy otra cosa es abusar de los rótulos para usufructuar ciertos beneficios sin nunca revalidar títulos y sin saber, a ciencia cierta, cuántos son sus seguidores. Pero como “la culpa no la tiene el chancho…”, aquéllos que los aceptan debieran replantearse si realmente les suman o si sólo es para mostrar chapa de una alianza muy amplia.

Esta especie de partidocracia es lo que le hace mal a la política y la convierte en politiquería, una deformación de lo que debiera ser la actividad más sublime del ser humano, dedicada —sin excepciones— al servicio del bien de todos y no de algunos sectores.

Los otros políticos

Por suerte siempre hay ciudadanos y ciudadanas que entienden cuál es la esencia de la Política, así con mayúscula y sin camisetas, y que ponen por delante el ejercicio de su esencia por sobre las prácticas que repudiamos, como el clientelismo, el amiguismo, el beneficio económico propio, la llegada al poder por el poder mismo, la administración corrupta.

Cada vez se comprueba más que hay sectores de la comunidad que no se sienten contenidos en estas estructuras, cada vez más obsoletas, y que recorren otros caminos para solucionar problemas de las comunidades, superar deficiencias, colmar carencias, hacer un poco más justa la distribución de las riquezas, lograr que los servicios esenciales lleguen a todos con equidad.

Y estos sectores se agrupan, algunos en muy pequeñas entidades, con objetivos muy concretos y alcanzables a corto plazo y reales, como las cooperadoras de las escuelas de todo tipo, de bibliotecas, de las comisarías, de los hospitales y salas de primeros auxilios, de los cuerpos de bomberos, las asociaciones de amigos, las comisiones vecinales, protemplo, comedores barriales, en defensa del consumidor y muchas otras. Todo lo que suma esta obra silenciosa, que a veces tiene la característica del trabajo hormiga, es como otro presupuesto, que los gobiernos de turno no tienen en cuenta, pero que suma.

Es conmovedor, por ejemplo, ver cómo trabajan los integrantes de la organización no gubernamental Ciudad Limpia, hasta ahora resistentes a toda cooptación partidaria, para levantar esa monumental obra que es la Casa Garrahan Chaco y que resultará en beneficio de la niñez de toda la región. A esa obra confluyen muchos aportes que —lo dicen los oferentes— “los hacemos porque sabemos adónde van y vemos de inmediato su destino”.

Todos pueden ver cómo la obra avanza y el fervor de los que están dedicados a coordinar los esfuerzos, todos los sábados, en la plaza central. Allí hay un grupo de jóvenes recuperados de la calle, entusiastas, enfervorizados, que ya hicieron otros trabajos, además de luchar por su formación humana, como la recuperación de la vieja estación del Ferrocarril Francés, la Chimenea Codutti (hoy otra vez olvidada), la pintura de numerosas escuelas y edificios y una multitud de proyectos que reciben la aceptación de la comunidad. Citamos este ejemplo porque hace años que viene consolidando su accionar; pero vale la pena decir que en estos días jóvenes identificados con el justicialismo se han unido para pintar y reparar más de doscientas escuelas; claro que en este caso los recursos y los elementos los aporta el Estado, pero en una encomiable tarea solidaria.

Estos ejemplos demuestran que hay otra forma de hacer política, más allá de las estructuras partidarias o aun dentro de ellas mismas; pero con un espíritu superador, con la búsqueda de nuevas formas que pongan en evidencia la verdadera esencia del servicio a los demás y los postulados republicanos.

Estas son reflexiones que deben tenerse en cuenta a la hora de poner el voto. Estar con aquéllos que dejan de lado la vieja política y se suman a esa otra forma, que busca el bienestar común, con la hasta ahora inalcanzable utopía de lograr que quien llegue al poder deje de lado su identidad partidaria para ser el gobernante de todos.

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