CIUDAD LIMPIA VISITÓ LA FUNDACIÓN ARGENTINA DE TRASPLANTE HEPÁTICO

Fundación Ciudad Limpia visitó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a la Fundación Argentina de Trasplante Hepático (FATH), ubicado en el corazón del barrio de La Boca. Donde conoció a un célebre médico que dedica su vida a pacientes trasplantados sin recursos de todo el país. Así conocimos al Dr. Horacio Azíz.

En el marco de las “Jornadas Nuestras Casas” desarrollada en la Casa Garrahan de Bs As, se generaron vinculaciones entre diferentes entidades de todo el país. Así surge la conexión entre ambas Fundaciones, que lleva a una posterior visita a la Institución porteña.

Fue así, que integrantes de Ciudad Limpia recorrieron las instalaciones del Hogar que hospeda a cientos de niños de todo el país, guiados por el pasional Dr. Azíz, quién a cada paso no sólo explicaba las condiciones edilicias y el funcionamiento del hogar, sino que regalaba emocionantes anécdotas que sólo salen de corazones generosos y comprensivos del dolor ajeno.

QUE ES FATH 

Según el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), en la Argentina hay unas 6000 personas que esperan un trasplante de órganos que les permita seguir viviendo. Como la mayoría de los centros que realizan tales operaciones se encuentra concentrada en la Capital, los pacientes del interior por lo general no tienen dónde pasar su estadía. Muchas veces acaban durmiendo por los pasillos de los hospitales.

Consciente de esta falencia, en 1997 el médico Horacio Azíz creó la Fundación Argentina de Trasplante Hepático para brindar a los pacientes del interior y a sus familias un hogar provisional, de manera gratuita. “Hasta el presente dimos alojamiento a más de 2400 personas y muchos más con la entrega de medicamentos, ropa, alimentos, consultoría médica y apoyo escolar”, dice Azíz con la atenta mirada de la colaboradora Constanza Baritoli, quién vinculó a ambas Fundaciones en la Casa Garrahan de Bs As.

Cruzar el umbral de la casa es adentrarse en un mundo de calidad, de limpieza y pulcritud inesperadas. Cada cosa está en su lugar, en perfectas condiciones. Las paredes en amarillo y tonos pastel; las plantas y los grandes ventanales le dan una atmósfera luminosa y acogedora. “Todos cuidan cada cosa que se les brinda porque mientras viven en el hogar, todo pasa a ser de ellos”, agrega Azíz emocionado.

En 1999, el Estado nacional cedió a la Fundación este edificio de 4600 m2, de cuatro plantas, en el barrio de La Boca. “Tardamos nueve meses en limpiar todo. No tenía ni luz, ni gas ni agua, pero teníamos un lugar donde nacer”, expresa Azíz, convencido de que sólo hacen falta voluntad e ideales firmes para poder transformar la realidad.

Como un tesoro ansiado que se descubre en el fondo del mar, este médico encontró una bitácora debajo de los escombros del subsuelo. Esta continuaba marcando convencida el norte ansiado, invitando a continuar el camino elegido.

Enemigos de los subsidios, los impulsores de la Fundación recurrieron a la generosidad de distintas empresas y de personas para comenzar la reconstrucción del lugar en mayo de 2000. En el tercero y cuarto pisos se levantaron 22 habitaciones con baño privado, un comedor, dos cocinas, un lavadero y baños para personas con capacidades diferentes. También contemplaron la creación de un consultorio médico, una sala de rehabilitación totalmente equipada y un gabinete psicológico.

Así comenzaron a llegar pacientes de bajos recursos desde Salta, Chaco, Jujuy, Tucumán, Catamarca, Ushuaia, La Rioja y la provincia de Buenos Aires. En su mayoría se enteraron de la existencia del lugar por pacientes que pasaron por el hogar, por las municipalidades o las casas de las provincias. Tienen capacidad para recibir hasta 120 personas, y no siempre están completos. Por eso esperan que la mayor cantidad de gente se entere de la existencia de este lugar y pueda aprovecharlo.

“No podemos cerrar nuestro corazón a ninguna persona que necesita. El dolor personal es siempre menor que el de los demás y por eso desde la Fundación lo que hacemos es administrar honestamente la infinita conjunción de gestos de amor de las personas”, explica el médico.

Al principio, se ocupaban únicamente de las personas que necesitaban un trasplante, pero a partir de 2003 ampliaron su objetivo, brindando asistencia a niños y jóvenes que padecen otras graves enfermedades y que no esperan un nuevo órgano.

“El promedio de estada allí es de 12 días, pero algunos pueden llegar a permanecer entre 6 y 8 meses por algún tratamiento. Como no queremos que los chicos pierdan el año lectivo, desde marzo de 2002 funciona en el edificio el Rincón Educativo Lucía Salto, designada como Escuela Domiciliaria Primaria por el gobierno porteño”, argumenta Azíz.

Un cuadro con la frase “el amor al prójimo es una puerta a través de la cual es necesario pasar para encontrarse con uno mismo”, cuelga de la pared. Durante su estadía, muchos celebran la curación y otras hacen el duelo por la pérdida de un ser querido, pero dentro de una gran contención y seguimiento profesional.

“Esta visita fue una inyección de amor, pasión y compromiso; ingredientes que sin dudas emplearemos en el proyecto de la Casa de los Chaqueños en Bs As” manifestaron los miembros de Fundación Ciudad Limpia.
Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *